Confesión #17: Debo eliminar la palabra miedo de mi vocabulario

Durante esta semana tuve una crisis existencial como emprendedora. Me di con la sorpresa que mi único competidor en el Perú, había lanzado la versión beta de una plataforma bastante similar a la que yo también me encuentro desarrollando, como parte del programa de incubación en el que estoy participando.

Lo que siguió después de ese (no tan grato) descubrimiento, fue una montaña rusa de emociones. Empezando por la negación: “esto no puede estar pasando”, siguiendo con la frustración: “¿cómo no se me había ocurrido lanzar la plataforma antes?”, para luego pasar a una etapa de auto sabotaje: “quizás no sea yo la persona correcta para llevar a cabo esta idea” y finalmente terminar con las ganas de querer tirar la toalla en ese preciso instante y preguntarme si realmente valía la pena todo el esfuerzo que le estoy dedicando a este proyecto.

Además de todo eso, me empezó a invadir una sensación extremadamente negativa que pude identificar como miedo. Ese miedo me empezaba a paralizar poco a poco, recorriendo cada parte de mi cuerpo y absorbiendo toda la energía positiva (o lo poco que me quedaba) en ese momento (como cuando un dementor se te acerca y comienza a succionar todos tus recuerdos felices, hasta convertirte en el ser más miserable del planeta).

Traté de identificar a qué sentía miedo de manera específica, pero surgieron un montón de ideas en mi cabeza que tuve que anotar en un papel en ese momento y que ahora las transcribiré en este post, como una forma poco ortodoxa de hacer catarsis:

  • Tenía miedo de creer que ya está todo creado en este mundo y que los inventos en sí, son sólo modificaciones de cosas ya existentes.
  • Miedo de que no se me vuelva a ocurrir una idea tan interesante como la del proyecto que estoy desarrollando
  • Miedo a quedarme atrapada en la fase de ideación: que todas mis ideas se queden sólo en el papel y que nunca llegue a ejecutar ninguna
  • Miedo de que todas las ideas que se me ocurran, no sirvan para nada
  • Miedo de no poder emprender de verdad
  • Miedo de nunca poder realizar ningún cambio importante en la sociedad
  • Miedo de no trascender
  • Miedo de querer abarcar tantas cosas a la vez, que ni sé por dónde empezar
  • Miedo de no poder ordenar mis ideas
  • Miedo de no conseguir un equipo de personas que se enamoren de mi proyecto tanto como yo
  • Miedo de no tener los contactos suficientes que me ayuden a despegar esta iniciativa
  • Miedo de colapsar
  • Miedo de no poder emprender si es que no renuncio a mi chamba
  • Miedo de que si me quedo sin chamba fija, me voy a convertir en una carga para mi familia
  • Miedo de quedarme encasillada en el mundo empresarial y jamás poder emprender por mi cuenta
  • Miedo de fracasar
  • En resumen, tengo miedo de que todos estos miedos me paralicen por completo

Ahora que me pongo a leer de nuevo esa lista, la verdad es que son conceptos bastante desalentadores, que lo único que buscan es desanimarme, para que tire la toalla y no haga nada más allá que seguir viviendo de la forma en la que normalmente lo hago, sin desafiar el status quo.

Siento que es como si Tristeza, de la película Intensa-mente, se hubiera apoderado del tablero de control de mi cerebro. Pero pensándolo bien, yo no soy así. No soy de las personas que abandonan todo cuando se enfrentan a la primera situación complicada y no me voy a dejar vencer por todos esos pensamientos nefastos. Vengo de una familia de guerreros, y he visto a mis padres y abuelos enfrentar situaciones bastante difíciles y salir airosos, por lo que está en mi ADN ese espíritu de lucha por alcanzar mis objetivos. Esta pequeña crisis existencial no se compara, para nada, a los grandes problemas que aquejan a la humanidad y por los que tenemos que trabajar unidos como sociedad.

Para salir de este círculo vicioso de pensamientos negativos, tuve que recurrir a mi familia y amigos cercanos para que me inyecten una buena dosis de “desahuevina” que necesitaba con urgencia.

Un amigo me dijo que no necesariamente el que llega primero es el mejor, o el que va a tener éxito. Son los que trabajan de manera constante y consciente los que logran tener buenos resultados. Y mi mamá, tan sabia ella, me dijo que debía dejar de gastar toda la energía en deprimirme y auto sabotearme y ponerme a pensar en cómo darle vuelta a la situación y generar ideas alternativas que quizás no estaba considerando en mi ecuación inicial.

Si ya lanzaron una plataforma parecida a mi idea original, creo que llegó el momento de pivotear. Debo quedarme con la esencia de lo que quiero lograr con mi proyecto y volver a cuestionarme absolutamente todo. Si bien va a tomar un poco más de tiempo, estoy realmente convencida de lo quiero lograr y del impacto positivo que puedo generar. Y bueno, debo empezar ya, porque el tiempo vuela.

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3 comentarios en “Confesión #17: Debo eliminar la palabra miedo de mi vocabulario

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