Confesión #20: Por un momento me desenamoré de mi proyecto

Me disculpo por no haber posteado el domingo pasado, pero es que en estas última dos semanas aprendí que te puedes desenamorar de un proyecto que al principio creíste que iba a ser lo máximo (respirabas ese proyecto día y noche), pero luego tuviste que pivotear porque tu modelo de negocio inicial no era sostenible, y el resultado actual si bien se parece un poco, no era ese proyecto inicial que te hacía brillar los ojos y latir el corazón a mil por hora.

Si bien, alguna vez les dije que no debían enamorarse de la solución (osea de su proyecto), a veces (mejor dicho la mayor parte del tiempo) damos consejos que sabemos que son buenísimos, pero nosotras mismas ni los aplicamos. Creo que es una ley universal de la vida el saber dar consejos a los demás, pero nunca poder auto-aconsejarnos. Así que, como podrán imaginar, a esta altura ya estaba perdidamente enamorada de mi proyecto original, ese que se me ocurrió en enero de este año, pero que no tenía forma alguna de ser autosostenible (que es una característica básica para que cualquier emprendimiento tenga éxito).

En este contexto, como el proyecto ya no era lo que había pensando en un inicio, mi corazón empezó a latir más lento, ya no me hervía la sangre al pensarlo y las ganas que tenía de investigar y estructurar un modelo de negocio sostenible empezaron a desaparecer. Pasaba los días pensando en otras cosas, mirando al vacío, incluso cuestionándome mi propia existencia. Preguntas como: ¿algún día seré capaz de emprender en serio? ¿por qué todos mis proyectos se quedan en idea y no pasan al siguiente nivel? ¿mi proyecto será lo suficientemente bueno como para cambiar al mundo? ¿y si estoy destinada a quedarme en el mundo empresarial hasta que me jubile y deba renunciar a mis sueños emprendedores? ¿y si no soy lo suficientemente creativa e innovadora para emprender? y junto con todas estas preguntas volvió a aparecer el miedo en mi vida (aunque me había hecho la firme promesa de borrar esa palabra tan negativa de mi vocabulario).

Traté de darle más vueltas a esta mutación de proyecto, pero simplemente mi mente no quería enfocarse. Necesitaba investigar sobre la competencia y buscar clientes potenciales, pero prefería ver películas en Netflix; tenía que hacer el análisis de costos inicial y hallar el punto de equilibrio, pero en lugar de eso pasaba horas revisando mi muro de Facebook, debía definir mi estrategia de marketing y Twitter se convertía en mi prioridad, entre otros ejemplos.

Por un momento creí que jamás volvería a concentrarme y es en ese momento cuando me di cuenta que me había desenamorado. Ya las cosas no eran las mismas. No sabía lo que quería y a dónde me iba a llevar este proyecto. Hasta en un momento pensé tirar todo por la borda y quedarme en cero hasta que se me vuelva a ocurrir una nueva idea que me hiciera vibrar de emoción (pero para serles sincera no tengo ni idea que cuánto tiempo puede pasar hasta volver a enamorarme de cómo cambiaría el mundo si resolviera un problema que requiera una solución creativa e innovadora). Pero algo dentro de mi aún cogía la toalla con dos dedos y no quería tirarla. Quizás por miedo a quedarse en el vacío o porque aún había alguna pequeña esperanza de poder conectarme con este nuevo proyecto.

Le hice caso a ese “feeling” y decidí darle una segunda oportunidad a este proyecto. Me puse a pensar en que la esencia permanecía intacta: “cambiar el mundo ayudando a la mayor cantidad de personas generándoles un impacto positivo en sus vidas” y además esta mutación era sostenible porque tenía una fuente de ingresos definida, cosa que el otro proyecto no tenía. Así que me dije a mi misma que no podía estar tan mal. Me metí de lleno a hacer las cosas que no hice antes por pasármela procrastinando y descubrí que este nuevo modelo de negocios tiene potencial. Igual me falta darle más vueltas, pero ya está aterrizado, que es lo más importante, ya que no se puede trabajar con ideas que se encuentran flotando en la estratosfera.

Así que la próxima vez que se desenamoren de sus proyectos (como me sucedió) piensen si la esencia que las cautivó en un inicio sigue viva. Si la respuesta es si, denle una segunda oportunidad y traten de volver a enamorarse. Y si la respuesta es no, ya depende de ustedes si siguen o si dan un paso al costado, porque es bastante difícil trabajar en algo que no te apasione, ya que tarde o temprano terminarán tirando la toalla, y es mejor que sea temprano, para que no inviertan tanto tiempo ni recursos en algo que no llene al 100% sus corazones emprendedores.

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