Confesión #23: Hay que saber ponerse la camiseta con sabiduría…

Hace unos días, varios de mis amigos en Facebook compartieron un artículo de América Economía titulado “4 razones por las que debes quitarte la camiseta de la empresa“. El título me causó curiosidad y di click para leerlo.

El artículo original publicado en Conexión ESAN el 17 de enero del 2017 fue escrito por Luis Felipe Calderón (Profesor del MBA de ESAN) y se titula “Quítate la camiseta, ponte el cerebro“. El sólo leer el título me transmitió cierta dosis de agresividad, ya que prácticamente nos estaría diciendo que las personas que tenemos puesta la camiseta de nuestras organizaciones no tenemos el cerebro bien puesto. Es decir, que el hecho de ser “camiseta” demuestra no tener capacidad crítica o de toma de decisiones necesaria en nuestro entorno laboral, entre otras características que corresponderían a una persona anencefálica (laboralmente hablando), por que si tuviésemos el cerebro en su lugar, no tendríamos que ponérnoslo.

Yo si me considero una persona con la camiseta bien puesta y no me da vergüenza admitirlo, como lo expliqué en mi confesión #5, en la que descubrí mi rol de intraemprendedora al interior de la organización en la que trabajo.

Creo que debemos empezar con la definición de lo que es ser camiseta. Este concepto me parece que está mal entendido y la gente cree que ser camiseta es quedarse horas extra en la oficina, sacrificar las horas de refrigerio, hacer que todo tu mundo gire alrededor de la compañía en la que trabajas o incluso se confunde con ser sobón o chupamedias. Vamos a analizar estas ideas por partes:

  • Si nos quedamos más horas de las indicadas en nuestros contratos puede ser por varias causas: o que somos muy lentos/as para hacer nuestras funciones (lo cual debemos mejorar en el corto plazo); que tenemos sobrecarga laboral (y para identificarla debemos hacer un correcto análisis de tiempo de nuestras funciones y hablar con nuestro empleador para comentarle esta situación); que no sabemos organizarnos y priorizar actividades; que no sabemos delegar funciones, entre muchas otras razones. Y todas estas razones no tienen nada que ver con ser camiseta, es más, hasta denotan claramente que tenemos un problema por resolver.
  • Jamás deberíamos sacrificar nuestras horas de refrigerio para “aparentar” que estamos comprometidos con la empresa. Si no nos relajamos una hora al día (como mínimo) y consumimos nuestro almuerzo de forma tranquila y adecuada, lo primero que se va a ver afectada es nuestra salud y nos pueden aparecer problemas como acidez estomacal, gastritis, úlceras, etc. Y como saben, la salud es lo más importante, porque sin salud no podemos hacer nada. Por más camiseta que seamos hay que saber en qué momentos hacer una pausa y refrescar nuestro cerebro, para luego poder continuar de la mejor manera lo que resta de nuestra jornada laboral.
  • El hacer que nuestro mundo y nuestra vida gire alrededor de nuestro trabajo es otro grave problema. Coincido con el autor del artículo en que el trabajo es una parte importante de nuestra vida, ya que nos ayuda a desarrollar nuestras capacidades y habilidades profesionales y nos permite obtener el salario que necesitamos para el día a día y para lograr nuestras metas. Pero hay que saber encontrar el equilibrio entre nuestra vida de oficina y nuestra vida fuera de ella, desarrollando pasatiempos, pasando tiempo con nuestros seres queridos, etc. En lo que sí no coincido con el autor, es en la frase burlona: “A menos que seas un chupe de octava y no tengas ninguna otra forma de lograr que no te echen de ese empleo de bajo rango.” Creo que esta frase está de más y es totalmente despectiva.
  • Finalmente, el ser chupamedias no implica para nada el ser o no camiseta. Simplemente demuestra que las personas que son así, no se sienten seguros de sus capacidades, habilidades y el valor que generan en su entorno laboral, que creen que haciéndose pata de todo el mundo y siendo aduladores, van a mantener sus puestos de trabajo. A las personas que están en esta situación, les recomiendo que analicen su entorno laboral e identifiquen qué es lo que espera la organización de ustedes y de su posición y puedan hacer un match con sus habilidades y capacidades actuales y armen un plan de mejora personal para cerrar las brechas identificadas. Al final, por más cumplidos que le hagan a sus jefes, si no cumplen sus objetivos con resultados auditables, lo más probables es que les digan “hasta la vista, baby”.

El ponerse la camiseta, creo yo, comprende varios aspectos: es identificarse con la misión, visión y valores de la empresa (ya que por algo decidieron postular a esa empresa), es saber cuál es el rol de nuestra posición en la corporación y cómo desde nuestro puesto podemos agregar valor tangible para la organización (ya que de nada sirve hacer funciones que no estén alineadas con la estrategia empresarial y que no generen resultados visibles), es pensar en cada momento cómo hacer mejor las cosas y cómo se pueden mejorar los diversos procesos empresariales (el hecho que algo se haya venido haciendo por años de una forma, no significa que sea la forma correcta u óptima de hacerlo), es tener una visión integral del negocio, viendo nuestras funciones como parte de un todo para llegar a un objetivo común, es hacernos responsables de nuestro desempeño y medir el impacto de nuestras acciones en la organización y sus stakeholders, es adueñarnos de los objetivos y no parar hasta conseguir los resultados deseados por más dificultades que se presenten en el camino (aplicando el concepto de accountability).

Obviamente, no hay que ponerse la camiseta sólo por ponerse algo. Hay que saber sudarla, hay que dejar todo lo que tenemos en los 90 min. de partido (en este caso en la jornada laboral) y demostrar de lo que estamos hechos/as, cerrando el día con la tranquilidad de que hicimos todo lo posible por alcanzar nuestros objetivos y resultados esperados.

Para ir cerrando este post, quisiera comentarles mi punto de vista acerca de esas 4 razones que considera el autor necesarias para quitarse la camiseta:

  1. “Mañana podrían botarte del trabajo”: Todos/as deberíamos ser conscientes que no somos indispensables para las organizaciones en las que trabajamos. Si estamos donde estamos, es porque cumplimos una serie de labores que ayudan a la empresa a lograr sus objetivos. Ya depende de nosotros/as como profesionales desarrollar nuestra empleabilidad, para que podamos agregar el valor que nos caracteriza independientemente del rubro o de la empresa en la que trabajemos. Pero el saber que algún día podrían desvincularnos de nuestros puestos laborales, no me parece una razón válida para no dar lo mejor de uno/a en nuestra jornada laboral. Es más, hasta me suena una excusa mediocre para no comprometernos y superar las expectativas de nuestros clientes internos y externos.
  2. “Mañana podrías conseguir una mejor chamba y renunciar, ¿qué harás con esa camiseta que tienes tatuada en la piel?” Los seres humanos nos adaptamos a los cambios y a las situaciones, sean éstas favorables o adversas, ya que es la única forma de sobrevivir. El cambiar de trabajo es una etapa más en nuestras vidas. Por eso, se cierra el capítulo anterior dejando su respectiva camiseta y uno/a se pone la nueva camiseta, tratando de ser el/la mejor profesional posible. Así como el autor hace un símil con estar enamorado/a, con la camiseta sucede lo mismo: cuando terminamos una relación, a veces es doloroso y se tiene un periodo de “duelo”, pero una vez superado ese período, estamos listos/as para conocer nuevas personas y abrirnos nuevamente al amor. El no poder “quitarnos la camiseta tatuada” es como no poder superar a un/a ex-enamorado/a. Todos/as podemos superar eso.
  3. “Un ejecutivo con la camiseta puesta no le sirve a la organización” En base a la definición que les comenté líneas arriba acerca de tener la camiseta puesta, discrepo también con este punto. Obviamente, el ejecutivo súper enamorado que idealiza a la empresa, creyendo que es lo máximo y que es incapaz de ver los problemas al interior de la organización es un peligro, pero eso no tiene que ver con el ser camiseta. Eso es un tema propio de la persona, y como dice el refrán: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Y los jefes de estos ejecutivos tendrán que ver la forma de abrirles los ojos o desvincularlos, para no poner en riesgo la continuidad del negocio. Cuando tenga tiempo voy a leer el libro “The Stupidity paradox” que recomienda el autor en su artículo y tengan por seguro que habrá uno o más posts al respecto.
  4.  “(…) que se queden porque les conviene, no que se queden porque están comprometidos” Considero que es importante que los colaboradores permanezcan en una organización por ambas razones, no simplemente porque les conviene. Volviendo al ejemplo de las relaciones amorosas, uno/a debería comprometerse con otra persona por numerosas razones: afinidad, respeto, porque ambas personas en conjunto se suman mutuamente y se ayudan a ser mejores cada día, etc. y no simplemente para compartir gastos o para no pasar los fines de semana solos/as (ya que eso es lo que les conviene).

Finalmente, me parece deplorable que existan organizaciones que utilicen el “compromiso” como concepto para manipular y explotar a sus colaboradores. Por empleadores como esos, es que el “ponerse la camiseta” y el “estar comprometidos con la organización” son dos conceptos con connotaciones negativas en la actualidad.

Por otro lado, el dejarnos explotar por nuestros empleadores demuestra, en parte, una falta de liderazgo con nosotros/as mismos/as, ya que somos seres humanos que tenemos una vida más allá de las 4 paredes de la oficina y metas por cumplir (que jamás vamos a lograr si nos encadenamos a nuestros escritorios). Mientras existan personas dispuestas a ser “explotadas”, los malos empleadores van a sacarle jugo a eso, pero en la medida en que sepamos el lugar que ocupamos en la organización y agreguemos real valor en nuestras 8 o 9 horas de jornada, no debería haber ningún problema en ponernos la camiseta que queramos.

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2 comentarios en “Confesión #23: Hay que saber ponerse la camiseta con sabiduría…

  1. Hoy asistí a la conferencia, organizada a raíz del artículo de Luis Felipe Calderón, realmente hay que tener “runtus” para sacarte la camiseta (de la empresa, de la(s) relaciones, de la vida que llevas!) y ponerte el cerebro para tomar acción y cambiar, la pelota siempre está en nuestra cancha. Nunca había escuchado a un Docente de Maestría, contar de una forma tan descarnada la realidad que estamos viviendo y de la cual somos responsables. Tiempo de cambiar. Sigan a Luis Felipe Calderón, tiene un palmarés alucinante y sobre todo generosidad en compartir su conocimiento, un grande.

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